La respuesta corta
En España, una agencia de Google Ads cobra de tres formas: un porcentaje de la inversión, que las propias agencias publican entre el 10 % y el 20 %; una cuota fija mensual por el trabajo; o una mezcla. El modelo importa más que la cifra, porque decide qué te van a recomendar.
La pregunta suele venir con prisa y buscando un número. El número solo sirve acompañado del modelo, porque dos agencias que cobran lo mismo pueden tener intereses opuestos.
Los tres modelos
- Porcentaje sobre la inversión. El más extendido, heredado de las agencias de medios. Las agencias españolas publican horquillas de entre el 10 % y el 20 % en sus propios blogs (por ejemplo, Megadigital y Lionel Z), así que no hace falta creernos: se comprueba leyendo lo que escriben ellas. El porcentaje suele bajar cuando sube el volumen.
- Cuota fija por trabajo. Un importe mensual por un alcance y unas horas acordadas. Tu inversión no pasa por la factura de la agencia. Es menos frecuente porque rinde menos en cuentas grandes.
- Mixto. Una cuota base más un porcentaje, o una cuota que sube por tramos de inversión. Es el más difícil de comparar y a veces el porcentaje viaja con otro nombre: «coste de gestión», «fee variable».
Qué cambia con cada modelo
Con porcentaje, subir tu presupuesto sube los ingresos de la agencia sin trabajo adicional. Nadie te va a recomendar bajarlo con alegría, y los canales caros de medios generan más comisión que el trabajo de medición, que no genera ninguna.
Con cuota, el incentivo es que sigas contratando el mes que viene, y para eso lo que tiene que salir a cuenta es tu inversión, no la factura de la agencia.
Ningún modelo convierte a nadie en buena o mala persona. Lo que hace cada uno es empujar, y a lo largo de dos años el empujón se nota.
Qué debería incluir el precio, sea cual sea
- Horas comprometidas al mes, escritas. Sin eso, «gestión de campañas» puede ser cuatro horas o veinte, y nunca sabrás cuál te tocó.
- La medición. Si montar y mantener el seguimiento es extra, el precio de arriba no es el precio.
- Un informe mensual con su comparación, no un panel automático.
- La bitácora de cambios, que debería ser estándar y casi nunca lo es.
- Y una persona con nombre, no un buzón de soporte.
Y la inversión, ¿cuánta hace falta?
Es la otra mitad de la pregunta y casi nunca se contesta junta. No hay una cifra universal, pero sí un criterio: hace falta inversión suficiente para que las campañas reúnan suficientes conversiones al mes para que el sistema aprenda. Por debajo de eso, se paga por gestionar un experimento que nunca termina.
La forma honesta de mirarlo es al revés. Calcula cuántos clientes necesitas al mes para que esto tenga sentido, cuántos contactos hacen falta para cerrar uno y cuánto cuesta un contacto en tu sector. Ese producto es tu suelo, y a veces sale un número que no encaja con lo que puedes poner. Saberlo antes es más barato que descubrirlo en el mes cuatro.
Las señales de que un precio bajo sale caro
Una cuota muy por debajo del mercado se sostiene de tres maneras, y ninguna te conviene: cuentas de más por persona, trabajo repetido con plantilla, o un porcentaje escondido que compensa la cuota baja.
Pregunta cuántas cuentas lleva la persona que va a llevar la tuya. La respuesta explica casi todo.
Qué cobramos nosotros y por qué
Cuota por trabajo con las horas escritas, y cero porcentaje sobre tu inversión. Las plataformas te facturan directamente a ti.
Lo que nos cuesta decirlo: en cuentas grandes ganamos menos que con comisión, perdemos a quien prefería no mirar nunca el presupuesto y perdemos concursos contra quien promete más. Lo que ganamos es que cuando recomendamos bajar una inversión, se nos puede creer.
Hay un suelo de inversión por debajo del cual no aceptamos el proyecto, porque la cuota se comería el resultado. Lo decimos en la primera llamada.
Cómo comparar dos presupuestos
Ponlos al lado y calcula tres cosas: coste total al año incluyendo porcentajes, horas comprometidas al mes, y qué pasa si tu inversión sube un 50 %. Esa tercera separa los dos modelos de golpe.
Después pregunta lo mismo a los dos: ¿de quién es la cuenta? La respuesta vale más que la diferencia de precio.